Reflexiones sobre Versículos Bíblicos




La paz con vosotros





La paz con vosotros.
El resucitado les regala la paz y la bendición de Dios.
Jesús sigue siendo el mismo.
Esa era la paz que infundía cuando caminaba por Galilea.
Este es también ahora el gran regalo que Dios ofrece
a todos sus hijos e hijas por medio de Cristo muerto y resucitado:
el perdón, la paz y la resurrección.
José Antonio Pagola.
“Jesús: aproximación histórica”.


Texto: Juan 20,19-31.

Al anochecer de aquel día, el primero de la semana,
estaban los discípulos en una casa, con las puertas cerradas por
miedo a los judíos.


Vivir en la oscuridad, con las puertas cerradas, con miedo, a la defensiva
es continuar en lo antiguo, no haber experimentado a Jesús resucitado.
Jesús abre las puertas que cierra el miedo, el formalismo, la inercia, la cobardía...
La vida, muerte y resurrección de Jesús inmuniza contra todo sentimiento de
amargura, tristeza, insolidaridad, prepotencia, resignación...

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Y en esto entró Jesús, se puso en medio
y les dijo: 
-«Paz a vosotros».


Jesús no contempla la existencia humana como un espectador,
sobrevolando desde arriba.
Él está en medio, en el centro de nuestra vida,
en el centro de nuestros dolores y alegrías, de nuestros anhelos,
inquietudes y esperanzas.
Sana, salva, comparte, libera... desde dentro, dando a todo sentido.
Jesús nos invita a desear y comunicar paz, ofrecer luz, confianza,
esperanza de un futuro siempre nuevo. Como hace Él.

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Y, diciendo esto, les enseñó las manos y el costado.
Y los discípulos se llenaron de alegría al ver al Señor. Jesús repitió:
«Paz a vosotros.
Como el Padre me ha enviado, así también os envío yo».


Jesús es nuestra alegría y nuestra paz.
 La armonía con nosotr@s mism@s y con l@s demás, con la naturaleza y con Dios.
Tod@s somos enviad@s a hacer lo que hemos visto hacer a Jesús,
a continuar y actualizar su vida y su mensaje.
El encuentro con Jesús resucitado transforma a las personas,
llena la vida de alegría, entusiasmo y paz auténtica.
Libera del miedo, abre nuevos horizontes e impulsa a dar testimonio creíble
de la Buena Noticia, a construir el Reino, a hacer visible su Presencia.

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Y, dicho esto, exhaló su aliento sobre ellos y les dijo:
«Recibid el Espíritu Santo;

El Espíritu es el gran don de la Pascua. Jesús nos envía su Espíritu, su Aliento,
su Ánimo, su Vida para que nos empapemos de Él, y lo contagiemos y
comuniquemos a l@s demás.
El Espíritu de Jesús hace a las personas fuertes,
 libres, buscadoras, luchadoras, entrañables, compasivas,
sensibles..., constructoras de una vida mejor,
más libre, justa, plena y feliz para tod@s.
“El Espíritu no quiere ser visto,
sino ser en nuestros ojos la luz”. (Urs von  Baltasar)

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a quienes les perdonéis los pecados,
les quedan perdonados;
a quienes se los retengáis,
les quedan retenidos.»


El perdón es fruto de la paz, es la virtud de la persona nueva y resucitada.
Quien se siente y se sabe gratuita e incondicionalmente perdonad@
 se capacita para perdonar.
El perdón despierta esperanza y confianza en quien perdona y en quien es perdonad@.
 Perdonar es parte de la misión encomendada por Jesús a tod@s sus seguidores
y seguidoras: “Perdonaos unos a otros”.
Tod@s estamos llamad@s a ser, de múltiples maneras,
signos y fuente del perdón-compañía-acogida... que es Dios.

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Tomás, uno de los doce, llamado el Mellizo, no estaba con ellos cuando vino Jesús.
Y los otros discípulos le decían: «Hemos visto al Señor.»
Pero él les contestó:
- «Si no veo en sus manos la señal de los clavos, si no meto el dedo 
en el agujero de los clavos y no meto la mano en su costado, no lo creo.»


¿He visto al Señor? ¿Dónde, cuándo, en quién lo veo? ¿A quién se lo cuento?
Como Tomás, tendremos momentos de duda,
 en los que queremos certezas -ver y tocar-,
 Dudar tiene sus aspectos positivos.
Puede significar que nuestra fe no se basa sólo en lo que nos han transmitido,
sino que, además de ser don de Dios,
es también conquista nuestra, que pide nuestro "sí" continuo y personal,
De Tomás podemos aprender a despojamos de falsos apoyos,
 y a aceptar la purificación que suponen los momentos de búsqueda e inseguridad.
Siempre nos tranquilizará recordar que
“la fe es la capacidad de soportar dudas”. (Cardenal Newman)

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A los ocho días, estaban otra vez dentro los discípulos y Tomás con ellos.
Llegó Jesús, estando cerradas las puertas, se puso en medio y dijo:
«Paz a vosotros.»
Luego dijo a Tomás:
- «Trae tu dedo, aquí tienes mis manos; trae tu mano y métela en mi costado;
y no seas incrédulo, sino creyente.»
Contestó Tomás:
«¡Señor mío y Dios mío!»


El empeño de Jesús le hace atravesar, en dos ocasiones, las puertas cerradas.
Jesús se acerca a Tomás con amor y simpatía.
La misma actitud que tiene con nosotr@s.
Acompaña nuestra búsqueda y, cuando dudamos, está más cerca de lo que pensamos.
Del más “incrédulo” brota una gran confesión de fe : “Señor mío y Dios mío”.
Que sepamos descubrir las nuevas llagas de Jesús,
que le reconozcamos en ellas, no nos limitemos a tocarlas y besarlas;
tratemos también de aliviarlas, curarlas e impedir que se reproduzcan.
Jesús nos invita a ser bálsamo para curar todas
sus llagas en tantas personas heridas en el alma y en el cuerpo.

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Jesús le dijo:
“¿Porque me has visto has creído?
Dichosos los que crean sin haber visto”.


La duda de Tomás consigue el gran regalo de la última bienaventuranza de Jesús
para l@s cristian@s de todos los tiempos.
Ojalá que las personas que no "ven" a Jesús puedan descubrirlo por el testimonio
 de quienes se consideran sus seguidores y seguidoras.
Si el testimonio fuera de unión, justicia, acogida, alegría,
apertura, solidaridad, valentía, compasión, austeridad,
servicio,  entusiasmo, paz, justicia, sinceridad...
Si el testimonio fuera realmente EVANGÉLICO,
seguramente no se necesitarían milagros ni apariciones para creer en Jesús.

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Muchos otros signos, que no están escritos en este libro, hizo Jesús
a la vista de los discípulos. Éstos se han escrito para que creáis que Jesús
es el Mesías, el Hijo de Dios, y para que, creyendo, tengáis vida en su Nombre

El evangelio está escrito «para que creáis» y así «tengáis vida en su nombre».
La fe provoca las actitudes propias de quien se sabe incondicionalmente
querid@, protegid@ y acompañad@.
Nuestra fe y adhesión a Jesús se traducen en signos de vida para el mundo.
Seremos testigos de la resurrección si hemos “visto” a Jesús resucitado,
si nos hemos dejado tocar por Él.
Experimentaremos a Jesús resucitado cuando nos sintamos personas
resucitadas y resucitadoras, sin miedo, en paz, con entusiasmo y alegría,
porque Jesús está en medio de nosotr@s.
¿Soy consciente de que mi fe, si es auténtica, ha de traducirse en signo y testimonio?

Comentarios: M. Asun Gutiérrez




Semana Santa - Pascua : Jesús no está en crisis


Algunos de vosotros me decís que en vuestros pueblos la religión está en crisis,
que vuestras parroquias se están vaciando,
que no se ve un futuro claro para la fe cristiana...

No estamos viviendo momentos fáciles.
La crisis empieza a afectar a todos los sectores de la vida, no solo a la religión.
Está en crisis la filosofía y el pensamiento.
Están en crisis las ideologías y los partidos políticos, la ecología y la economía.
Está en crisis la familia y la educación. Algunos empiezan a decir que estamos en "crisis total".

Estoy convencido de que la crisis de la religión cristiana no arrastrará a Jesús.
Al contrario, a medida que las Iglesias cristianas, sacudidas por la crisis,
se vayan desprendiendo de tantas adherencias, tradiciones, teologías, costumbres o
prácticas que no provienen de Jesús,
se irá descubriendo cada vez mejor su verdadero rostro, se valorará cada vez más su
proyecto humanizador de reino de Dios y crecerá su poder de atracción.

No perdáis la alegría ni la esperanza.
La Iglesia de Jesús conocerá una nueva primavera. El Resucitado sigue vivo
y operante entre nosotros.
Vosotros lo estáis experimentando de manera humilde pero real en vuestros grupos.

Un abrazo grande a todos.
¡Feliz Pascua de Resurrección!

José Antonio Pagola




Resurrección

Para abrirnos a la fe en la resurrección de Jesús, hemos de hacer nuestro propio recorrido.
Es decisivo no olvidar a Jesús, amarlo con pasión y buscarlo con todas nuestras fuerzas,
pero no en el mundo de los muertos.
Al que vive hay que buscarlo donde hay vida.

Si queremos encontrarnos con Cristo resucitado, lleno de vida y de fuerza creadora,
lo hemos de buscar allí donde se vive según el Espíritu de Jesús,
acogido con fe, con amor y con responsabilidad por sus seguidores.

Lo hemos de buscar allí donde vamos construyendo comunidades
que ponen a Cristo en su centro porque, saben que
«donde están reunidos dos o tres en su nombre, allí está él».

Al que vive lo encontraremos buscando una calidad nueva en nuestra relación
con él y en nuestra identificación con su proyecto.

El Jesús que enamora y seduce, que toca los corazones y contagia su libertad,
es el Cristo vivo, resucitado por el Padre.
Es el que vive y hace vivir.

José Antonio Pagola




Oración

Señor resucitado, el triunfo de la vida,
tu muerte, toda muerte está vencida.
Te elevas, y te quedas a mi lado.
Estás de amor y gloria coronado:
envuélveme en tu luz amanecida.

Y estás aquí también resucitando,
en cada corazón que ama y que espera,
el miedo y la tristeza desterrando.
Cristo la Esperanza, la eterna Primavera.

Venimos Señor, con nuestras viejas heridas,
tú las conoces.
Venimos a ti, con nuestros miedos y cansancios,
tú lo sabes,
sabes del amargor de nuestras caídas.

Señor nuestro; nos acercamos a ti,
Señor resucitado, luz del mundo,
para que nos ilumines,
para que nos aliente la energía de tu Espíritu.
Llénanos de la fuerza de tu amor,
que seamos una Pascua verdadera.

Iglesia Evangélica Española




Mi Jesús, mi Salvador

Mi Jesús, mi Salvador
Vivo está y es mi esperanza;
De la muerte no hay temor,
Mientras fundo mi confianza
En Jesús, que me salvó,
Cuando en cruz por mí murió.

Vida eterna El alcanzó,
Yo también veré la vida;
Al lugar que preparó,
Su promesa me convida;
Él, que es la cabeza, allá
A los suyos llevará.

Yo soy suyo, bien lo sé,
Por Su sangre redentora;
Doy la mano de la fe
A su mano salvadora.
¡Muerte, tú jamás, jamás
De Jesús me apartarás!

Cuando resucite, sé
Que me rodeará luz pura;
Con mis ojos yo veré
A mi Rey en Su hermosura
Ni dolor ni enfermedad
Sufriré en la eternidad.

Himno

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