Señor, Tú me has cautivado


Señor, Tú me has cautivado y no he podido resistirte.
Largo tiempo escapé, pero me perseguías,
yo corría en zig-zags, pero Tú lo sabías.

Me alcanzaste.
Y yo me debatí.
¡Me venciste!

Y hoy heme aquí, Señor:
he dicho <<sí>> cansado y sin aliento, a pesar mío casi.
Yo estaba allí, temblando, como un vencido a merced del vencedor,
cuando Tú pusiste sobre mí tu mirada de Amor.

Ya está hecho, Señor,
ya no podré olvidarte,
en un instante Tú me has conquistado,
en un instante Tú me has cautivado,
has barrido mis dudas,
mis temores volaron.

Te reconocí sin verte,
te sentí sin tocarte,
te comprendí sin oírte.

Ya estoy marcado con el fuego de tu amor,
ya está hecho:
nunca podré olvidarte.

Ahora yo te sé presente junto a mí
y trabajo en paz bajo tu mirada de Amor,
ya no he vuelto a saber lo que es
tener que hacer esfuerzos para orar:

me basta con levantar los ojos de mi alma hacia Tí
para encontrar tus ojos
y no hace falta más:
nos comprendemos,
todo está claro,
todo es paz.

Michel Quoist





leer más:
testimonios